24 de diciembre de 2021

Vos y yo


El hilo que nos une

Invisible

Secreto

Cuando me alejo mucho

Y se hace finito

Ahí estás

Dando pasos alargados

Hasta volver

Cuando te alejás mucho

Y no me animo a buscarte

Engroso mi parte

Sin saber si te soltaste

O me esperás

Ah! El hilo que nos une es muy largo

Nos ata, pero no nos acerca

Es irrompible

Pero no abraza ni sueña

2 de noviembre de 2019

De abrazos ausentes y negados....

Estoy teniendo días de esos donde es difícil encontrar el sentido y la motivación. Siento falta de amor, incertidumbre…y los sueños que anhelo parecen perseguirme como oscuras sombras. “Esto no es lo que querías”, “Estás lejos aún”, “¿Cómo vas a alcanzarnos así?”, me susurran al oído cuando me distraigo. Y otras veces me gritan tanto que no puedo pensar en otra cosa. Y me vuelvo un ser negativo que poco me agrada. Recuerdo que cuando era chica sufría mucho. Siempre estaba triste y sola, convencida que nadie me iba a querer, porque así me criaron. Lejos de mi está la idea de que la infancia es siempre feliz. De hecho, he intentado hacer cosas extremas sobre las que todavía no puedo escribir, ni comprender, ni perdonarme. Me dio pena no ver crecer a mi sobrino, y seguí. Pero hice un pacto. Hice un pacto esa vez... Me prometí que cuando creciera iba a hacerme feliz, iba a intentarlo todo para serlo. Fue la promesa del futuro lo que me salvó de la muerte entonces. Ahora lloro y me duele no haberla cumplido todavía. Es que yo no sé qué es la felicidad. ¿Qué me haría feliz? ¿Cómo descubrirlo? Quiero ser amada y le huyo al amor, sintiendo que no lo merezco. Quiero hacer cosas grandes que mejoren el mundo, y a veces ni puedo levantarme de la cama. Qué es ser feliz, ¿acaso eso existe? O fue una promesa condenatoria, buscando la utopía efímera de una novela. Ya sé; la felicidad son momentos. Los he vivido, muy breves, y se fueron. Yo lo que busco es paz. Quiero estar conforme conmigo y con lo que hago. Y muchas veces no puedo. Estudié algo que detesto. Los trabajos que consigo me llenan de angustia. ¿9 horas haciendo algo que no sirve para nada? Y lo que me interesa, la cuestión ambiental, no sé cómo desarrollarla. Fantaseo en cómo se sentiría despertarse y saber que soy una pieza importante para alguien o para algo. Fantaseo con que alguien vea mi esfuerzo, y me ofrezca la oportunidad que quiero. Fantaseo con que el amor insista, y se quede. Fantaseo y despierto, de vuelta en una neblina que no me deja ver si es de día o de noche. Me digo cosas para tener fe, bajar las pretensiones, disfrutar aunque sea tomar unos mates, pensar que no todo es tan malo…A veces funciona, pero otras realmente me angustio y creo que la única salida sería alejarme de todo, viajar, irme lejos -como si así pudiera escaparme de mí-. ¿Será que un día voy a encontrar la clave para fluir? Mirarme en el pasado y decirme: Uff, qué tiempo desperdiciado en vano, ¡era tan fácil todo!. O, peor, seguir envejeciendo en cuerpo hasta que ya sea muy tarde para soñar grandes proezas. A veces sólo quiero un abrazo, que sea tan largo que arranque la soledad del corazón de esa niña que fui, que soy, y que espera ser querida.

8 de diciembre de 2018

Entre luces y sombras

Yo quería conocerte, si. Quería. Estaba dispuesta arriesgar, otra vez, con tal de sentir algo. Quise quererte. Quise conocerte, aunque sea de forma tibia, acercarme, saber algo de vos que nadie más supiera. Yo quise, M., hundir mi cara en tu pecho y olvidar un rato el dolor. Yo miré tus ojos una vez y encontré esperanza. Fuiste el primer abrazo que pedí, porque quería intentarlo, dejar de disimular mi tristeza, transformarla. ¡Casi que te quería! No sé, es tan rara la vida para mí. Todo fue como un sueño. Ahora te pienso y me imagino que tendrás quien te desvela, quien te interesa, quien te acompaña. Y no sorprende, porque siempre me pasa. Siempre es alguien más que tiene lo que yo no tengo, que hace lo que yo no puedo, y gana. Estoy muy enredada en mí, eso siento. Envuelta en mil soledades, que se acumulan como capas, me mecen y me abrazan, y me alejan de todo. Como un escudo, una casa propia blindada. Y cuando intento salir, no se nota. Eso creo. Me acerco y no se nota. Me acerco y no me ves. Entonces me alejo sin decir nada, porque tampoco te vas a dar cuenta que no estoy. Esto lo recuerdo como a esas noches de verano, eternas, vos sos el farol prendido en el medio de la noche, y yo solo un ente alado que se te acerca, encandilado, tratando de tener un poco más de tu magia y alumbrar la propia oscuridad. Y no se puede, ¿acaso no tengo nada para ofrecerte? Me parece que no, ahora. Me imaginé muchas charlas, ¡tantas! Donde te contaba algunos secretos de mi vida, pero cuando abría los ojos no estabas. ¡Y sé que afuera hay tanta gente que no es tan complicada! Así que andá, pues, yo no voy a decir nada. Voy a seguir viéndote brillar, rodeado de gente iluminada, alegre, feliz. Voy a seguir admirándote igual o más que antes, pero siguiendo mi camino sola, callada.

7 de mayo de 2017

De transfiguraciones y otros miedos

La gente no soporta la indefinición. Perdería la cabeza si alguien le sugiere que la mesa no es mesa en realidad. Que es una construcción de su cabeza en base a preconceptos concebidos y enseñados desde tiempos remotos sin cuestionamiento. Pierde la cabeza incluso si sugerís que la mesa está ahí sólo porque vos crees que existe y es cierta, y tiene lógica, y no sorpresas. Apenas podrían aceptar pensar que además de mesa podría ser madera, objeto, materia. O nada. O todo. Es que es necesario crear etiquetas y hacer clasificaciones para creer que el mundo es conocido y predecible. Fantasear que es seguro, que después de este día va a venir otro. Y después del invierno, la primavera. Aceptar que la realidad no es en verdad lo que creemos, crearía un caos, pero sobretodo, miedo. Miedo a aceptar lo diferente, lo extraño, lo anormal. Pero no por intolerancia o por razones, sino por el terror que supondría descubrir que en realidad tampoco somos algo definido y constante. Que cambiamos cada hora, cada minuto, y cada pensamiento. ¿Alguien podría asegurarnos que las cosas siguen ahí cuando nos las miramos? ¿Podrías acaso asegurar cual es tu rostro real cuando no hay un espejo? Fluctuamos, fluimos, nos transfiguramos. Descubrir acaso que todos somos todo, y a su vez, nada. -M. (escrito en 2015, o 2014, por ahí)

3 de septiembre de 2016

Carta de una Extraterrestre...

Y por lo general voy así, mirando todo como si fuera una extraterrestre que recién llegó a la Tierra. Los veo ahí, pequeños humanitos frágiles y sensibles, luchando por sentir amor, luchando por ser queridos, admirados. Los veo inventando nuevas formas ¡tan locas! para acercarse. Subiendo fotos donde buscan agradar, ser conocidos, intentar. Y eso es lo que más admiro de ustedes: que toda la vida lo intentan. Son heridos, lastimados, engañados, y sin embargo, vuelven a buscar esa ocasión especial, ilusionándose de vuelta, arreglándose, vistiéndose con sus mejores atuendos. Y a cada desengaño lo analizan con la misma fuerza que al primero. Y yo me emociono, no puedo evitarlo. Me llenan de ternura con sólo verlos e imaginar las miles de historias que guardan en sus coranzoncitos. Quisiera abrazarlos y desearles suerte. Y que sean siempre felices, porque lo merecen.
Pero otras veces los veo tan distorsionados. Concentrados en sus teléfonos celulares, sin mirar a los que tienen al lado. Actuando. Aparentando una vida, para presumirla en fotos. Viviendo una mentira. Y entonces, sufro. Sufro porque creo que no hay nada verdadero. Que nadie nunca va a dejarse conocer en serio. Porque todos siempre van a ser como puntas de icebergs, tan iguales a todos los demás. Y las formas profundas envejecerán sin nunca ser descubiertas ni mostradas.
Y entonces, te pienso; ahí estoy, buscándote en medio de tanta soledad. Pero no hay nadie mirando. Y yo sigo sin saber si existís.

11 de abril de 2016

No crezcas, es una trampa ~ dedicado a todos esos niños que ahogamos dentro.

Deseo que nunca madures. Que conserves siempre esa inocencia de pensar que todo el mundo es amigable. Que podés hacer lo que sea, y lo peor que te puede pasar es tener un raspón. Que sanará algún día.
Que te sorprendas por todo cada día, y no lo disimules. Por esa nube con cara de perro. Por ese pájaro que canta tan raro. Por esa estatua que cuando pasás te mira.
Que no te enoje si llueve y te mojás el pie, porque la sensación de saltar ese charco de agua vale un resfrío. Aunque no lo sepas. Que no te avergüence nunca preguntar qué son las estrellas. Porque nadie lo sabe, en realidad. Ni llorar si tenés ganas, sin importar quién esté cerca, ni dónde, si el motivo para vos es importante.
Que no te frenes si querés limpiarte el beso de alguien que te desagrada, o no responder si no tenés nada que decir. Como tampoco si tenés ganas de abrazar a alguien que extrañabas.
Que la plata importante la uses para comprar caramelos, o esas figuritas que tanto deseás de ese programa que seguís como una religión. Que los berrinches se te pasen rápido si alguien te hace cosquillas.
Que perdones a tus amigos aunque te hayan empujado mientras corrían.
Que el mejor lugar del mundo para estar sea tu casa - donde tenés un escondite secreto, que ningún adulto conoce.
Que la cura para todas tus enfermedades sea la caricia de tu mamá - y que te dejen faltar a la escuela, claro.
Ojalá que nunca crezcas y pierdas de vista lo importante; sentirte pequeño en un mundo de gigantes, y descubrir que algunos saben jugar.
(27/1/2015; M)

2 de enero de 2016

El tiempo que me pasa

Si te tengo que hablar de mí, sobre qué me pasó este tiempo sin vernos, te diría que quizás me volví más aburrida, más complicada, más enmarañada en mis pensamientos. Trato de simplificarlos en pocas palabras, o dos o tres ideas principales, pero a su vez quedan tan simples e inconclusas, que elijo mejor no explicarlos. Quizás tampoco los llego a entender. Me surgen pensamientos que están en niveles tan distantes, que me pierdo tan sólo buscando razonamientos que me permitan comprenderlos y encontrarles una lógica. De repente me veo leyendo libros extraños, largos, complejos. Riendo de chistes que sólo yo entiendo. Tratando de entender cómo encajan los sentimientos en medio de este sin sentido que es la vida. ¿Vale la pena amar y por qué?¿Qué se busca así? Doy vueltas sobre eso y no entiendo. Entre medio de todo ese caos, te pienso. Recuerdo tu sonrisa esa vez que nos volvimos a ver después de mis vacaciones. De tus pantuflas en la vereda. De tener a unos milímetros tu sonrisa. De tu abrazo que sabe detener el tiempo. Y de repente me veo llorando, porque se que estoy cada vez más lejos de eso. Tan lejos de ese sentimiento. De poder ser simpleza. De poder sentir amor. Tan lejos de vos. Y se que para vos es lo mejor, y eso me tranquiliza. Leí hace poco algo así como que la soledad es adictiva. Que te acostumbrás a la paz y a disfrutar de vos mismo tanto que ya después no querés volver a la sociedad. Pero siento que me falta algo desde que te conozco.