Deseo que nunca madures. Que conserves siempre esa inocencia de pensar que todo el mundo es amigable. Que podés hacer lo que sea, y lo peor que te puede pasar es tener un raspón. Que sanará algún día.
Que te sorprendas por todo cada día, y no lo disimules. Por esa nube con cara de perro. Por ese pájaro que canta tan raro. Por esa estatua que cuando pasás te mira.
Que no te enoje si llueve y te mojás el pie, porque la sensación de saltar ese charco de agua vale un resfrío. Aunque no lo sepas.
Que no te avergüence nunca preguntar qué son las estrellas. Porque nadie lo sabe, en realidad. Ni llorar si tenés ganas, sin importar quién esté cerca, ni dónde, si el motivo para vos es importante.
Que no te frenes si querés limpiarte el beso de alguien que te desagrada, o no responder si no tenés nada que decir. Como tampoco si tenés ganas de abrazar a alguien que extrañabas.
Que la plata importante la uses para comprar caramelos, o esas figuritas que tanto deseás de ese programa que seguís como una religión.
Que los berrinches se te pasen rápido si alguien te hace cosquillas.
Que perdones a tus amigos aunque te hayan empujado mientras corrían.
Que el mejor lugar del mundo para estar sea tu casa - donde tenés un escondite secreto, que ningún adulto conoce.
Que la cura para todas tus enfermedades sea la caricia de tu mamá - y que te dejen faltar a la escuela, claro.
Ojalá que nunca crezcas y pierdas de vista lo importante; sentirte pequeño en un mundo de gigantes, y descubrir que algunos saben jugar.
(27/1/2015; M)
11 de abril de 2016
2 de enero de 2016
El tiempo que me pasa
Si te tengo que hablar de mí, sobre qué me pasó este tiempo sin vernos, te diría que quizás me volví más aburrida, más complicada, más enmarañada en mis pensamientos. Trato de simplificarlos en pocas palabras, o dos o tres ideas principales, pero a su vez quedan tan simples e inconclusas, que elijo mejor no explicarlos. Quizás tampoco los llego a entender. Me surgen pensamientos que están en niveles tan distantes, que me pierdo tan sólo buscando razonamientos que me permitan comprenderlos y encontrarles una lógica.
De repente me veo leyendo libros extraños, largos, complejos. Riendo de chistes que sólo yo entiendo.
Tratando de entender cómo encajan los sentimientos en medio de este sin sentido que es la vida. ¿Vale la pena amar y por qué?¿Qué se busca así? Doy vueltas sobre eso y no entiendo.
Entre medio de todo ese caos, te pienso. Recuerdo tu sonrisa esa vez que nos volvimos a ver después de mis vacaciones. De tus pantuflas en la vereda. De tener a unos milímetros tu sonrisa. De tu abrazo que sabe detener el tiempo. Y de repente me veo llorando, porque se que estoy cada vez más lejos de eso. Tan lejos de ese sentimiento. De poder ser simpleza. De poder sentir amor.
Tan lejos de vos. Y se que para vos es lo mejor, y eso me tranquiliza.
Leí hace poco algo así como que la soledad es adictiva. Que te acostumbrás a la paz y a disfrutar de vos mismo tanto que ya después no querés volver a la sociedad.
Pero siento que me falta algo desde que te conozco.
12 de marzo de 2015
Mis soledades
Puedo soltarme al mundo y recorrer caminos diversos
Me veo viajando en rutas interminables, entre puentes, cielo y agua
Puedo ver las olas que rompen en la orilla
A veces con suavidad, a veces con apuro, para compartir un poco de lo inexplicable del océano
Veo puestas de soles, amaneceres...días, tardes y noches
Hablo con gente tan diferente y aún así sentir algo en común con todos
Pero también algo tan diferente que me aleja un poco más de todo
Puedo ver el horizonte, cerrar los ojos y sentirlo
Sentir que es todo tan inmenso y maravilloso
Ver los colores que se pintan entre las nubes y los rayos de sol
Y no comprendo como el dolor impera sobre todo
Es que no hay un momento en que no me haga falta encontrarte
Al menos tener una señal, al menos tener alguna esperanza
Porque luego pasa la emoción, y vuelvo a la realidad
Entonces me ahoga la sensación que quizás no existas
Y las vivencias de repente son sólo soledades
Que se acumulan en el alma
Y entonces el aire me sobra, y la vida también
23 de noviembre de 2014
Nunca te perdí...porque nunca te tuve
Quisiera acariciarte el alma...como ese violín que suena de fondo...Me da miedo que no lo puedas sentir nunca. Cada palabra, sale de mí como una caricia...
Pero vos siempre tan distante.Yo te miro, y parece que ya no te importa. Que la barrera que creaste ganó entre nosotros. Supongo que eso era lo que querías. Que yo acepte el no. Pero no puedo aceptarlo si no lo entiendo, aunque me aleje. No quiero creer que sólo estuviste mintiendo. Que realmente fue un juego...
La luna está a medias, con una estrella que la vigila. Y yo estoy viajando en el lugar que te sentabas cuando me querías. Tengo un nudo en la garganta, ni siquiera puedo suspirar. Pensarás que soy puro drama. Hasta te vas a enojar porque sufro. Si hoy hace un año que hablamos y no te acordás...
Pronto va a amanecer. Y no va a cambiar nada. Porque vos no vas a estar. Y a vos no te importa. Pero yo no sé cómo dejar de sentir...Y ni sé dónde estás, ni con quién, ni voy a saberlo ya...
Los amores sólo pasan en las películas. Y a veces te imagino riendo, contando las estupideces que te dije, y que ni quisiste responder. Entonces te odio y tu culpo por todo. Por mi dolor. Por mi vergüenza .
Otras veces presiento que sufrís como yo...
Está aclarando y el cielo deja ver una nube negra entre el azul, que se extiende con forma de raíz.
La gente ríe alrededor, se abraza y habla. Y yo pienso en tu mirada. Trato de rememorar lo más profundo...tratando de descifrar qué sentías...qué sentías...
27 de julio de 2014
Cosas pendientes...
La plaza, el sol. Ver tus ojos...
Una luna, tal vez. Ese secreto...
Bajo la lluvia. Tu beso...
El viento. Tus manos...
Una esquina, verme llegar...
Aquel bar, ese banco. Tu sueño...
Los árboles, las hojas. Tu risa...
El tren, sólo mirarte...
El río, poder abrazarte...
En la oscuridad, dormirme.
Ya no sentir frío.
Despertarte.
Una luna, tal vez. Ese secreto...
Bajo la lluvia. Tu beso...
El viento. Tus manos...
Una esquina, verme llegar...
Aquel bar, ese banco. Tu sueño...
Los árboles, las hojas. Tu risa...
El tren, sólo mirarte...
El río, poder abrazarte...
En la oscuridad, dormirme.
Ya no sentir frío.
Despertarte.
6 de febrero de 2014
Cartas que nunca te dí...
Bueno, esta vez voy a titular a este papel como "la carta de la carta", a modo introductorio, o de disculpa.
Hay muchos motivos que te llevan a escribir una carta, pero sólo uno es tan fuerte como para no entregarla.
Digo esto y se me viene la imagen de estar parada en un abismo; yo del lado del pantano, y abajo todo el paraíso, desconocido, inmenso, hermoso...
Hice un intento, tardío y desubicado, por hacerla llegar. Pero el destino - o la causalidad -, no quiso que pase.
Después de ese intento forzado, dudo cada vez más que vayas a leer esto. Menos lo otro.
Pero nunca se sabe, y quizás la vida nos sorprenda.
El hecho es que tengo un papel dentro de un sobre violeta, que dice tu nombre (una de las pocas cosas que se...). Y calla letras, que a veces me gritan en silencio, aunque ya ni recuerdo que dicen...Ni las pienso leer, porque ya son tuyas. Y no puedo abrir cartas ajenas. Menos si tienen el sobre cerrado. Já.
El motivo principal por el que casi fuerzo que la leas es porque el último recuerdo que tengo con vos es que me esquivaste -vilmente, deberías admitir- en el colectivo. Ya sé, yo también hice como que no te vi -conteniendo un suspiro...es la parte que no sabés - Y eso me da un absoluto parámetro de que no me vas a volver a hablar. Y no te culpo; está bien - aunque yo no podría esquivarte si en mí estuviese la opción-.
Por todo esto, menos me sirve tener una carta ajena, de alguien que no me quiere hablar. Y a veces la tortura de seguir siendo la responsable de lo que "no" digo me asfixia. En fin, la idea era responder y pasarte la pelota de cerrar la historia.
Hoy podría firmar que estoy segura que no nos vamos a volver a cruzar. Y si lo hacemos, mi mente me va a pedir un motivo para seguir. Mientras el corazón se esconderá con pánico detrás de la capa hecha de miedo y excusas que tanto lo proteje.
Ahora tengo dos cartas para quemar. Las escribí como desahogo, en un cielo gris y lluvioso como es hoy, mientras imagino que algún día me vas a perdonar.
23 de noviembre de 2013
Matar para vivir...
Es difícil entender a este tipo de personas. Como yo.
Personas que por un momento, que pasa a ser un eterno recuerdo, pueden dejar pasar sus vidas. Y sin lamentarlo, porque no hay otra salida. Una persona que busca el amor, el posta, el real, el eterno, el invencible. Una persona que cree, o quiere creer, en los sentimientos, en el corazón, en la magia.
De vez en cuando encontramos esa luz que resplandece a través de una mirada, y nos sentimos en un muelle, llegando a la orilla, donde sentimos que se podrá contemplar la inmensidad del mar, su aroma, su sonido, sin que las olas nos ahoguen. Hay un resplandor que nadie más ve, parece, sólo nuestro corazón. Todo cierra, o se calla.
Ese instante es eterno, si es que hay algo eterno, y real. Nos devuelve la vida en un momento, y de repente, se va el peso de nuestra soledad. Entonces somos invencibles, pacientes, expectantes…La luz brilla todo el tiempo, y no es del Sol ni de la Luna, sino la nuestra propia.
La mayoría de las veces, la ilusión se termina, o se desvanece con los días, meses, años…Ya no podemos asegurar si fue cierto, o fue un sueño, un trance, una confusión. Abrazados a ese recuerdo, seguimos…Sin esperar nada más, ya convencidos que la vida nos juega trucos cuyo mensaje no llegamos a entender. Qué necesito aprender de esto? Tendrá alguna enseñanza? Es para recordarme que debo despertar? Entonces de vuelta levantamos muros, paredes, glaciares, kilómetros. Todo lo que sirva para proteger a nuestra pobre alma, herida, desolada, despechada, hasta que eso de tanto miedo que nadie más se atreva a mirar dentro, o asomarse.
Tanto amor es peligroso…para nosotros.
El tiempo pasa, y juntamos fuerzas para respirar, pensando que mañana va a doler menos, pensando que no se puede cambiar.
La felicidad es tranquilidad, nos convencemos. Entonces seré feliz por siempre.
Y sin esperarlo, quererlo, pero sí desearlo, entre la multitud y las caras grises, alguien parece espiar entre el muro. Querés esquivarlo. Ahuyentarlo. Lo que está escondido acá no puede volver a aparecer.
Pero el corazón se siente observado, y despierta de su letargo. Al fin y al cabo, sólo tiene una vida como oportunidad. Quiere correr, sentir, ser abrazado. No tiene memoria, no le interesa perder ni escuchar tus discursos sobre abismos y cráters. Quiere salir y respirar el aire del mundo, ver esos paisajes para los que nació. Quiere unirse con otras almas…
Pero la mente juró protegerlo…prefiere que duerma a volverlo a ver morir…
Pero en esa lucha hay un terrible secreto…El que gana tiene que matar al otro…
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